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Lo sé, no es una canción ni nada parecido. Pero creo que es lo más lindo que he escuchado en estas últimas semanas.

Ah, y tengo nuevo hogar en la web
http://fanstastica.wordpress.com
=)

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Hace tiempo que no escribía porque hace tiempo que no tenía nada que mostrar. Todo ha sido muy rápido, intenso, satisfactorio en su mayoría pero también agobiante en su mayoría. Todo ha sido dudas, inseguridades pero también ha sido aprendizaje y mucha fortaleza para continuar con el plan trazado.

Pero, al final de cuentas, todo esto cansa.

lo bueno y lo malo, cansa.

Ahora es como lo único que podría explicarles, y como siempre, siento que eso lo puedo hacer mucho mejor con una linda canción de una chica que me ha consolado sonoramente en medio del cansacio. que juega con la tristeza y la felicidad linda y dulce, como la vida misma.

Carolina Nissen - "Un Día Feliz"

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Cuando toca hablar de una figura como Víctor Jara, se hace difícil comenzar porque no se sabe exactamente por dónde y cómo comenzar. Su legado va más allá al de las canciones preciosas que hizo; se extiende a un aporte invaluable al desarrollo del folclor chileno, de las artes nacionales del siglo XX en su faceta como actor o como artista visionario, y ni hablar de su impacto como figura política, ideológica y símbolo internacional de la lucha revolucionaria y de las violaciones a los Derechos Humanos. Pero la vida es una suma de situaciones complejas matizadas por detalles simples que le dan sentido. En este caso, esos detalles simples son sus canciones y la belleza que estas contienen, una belleza profunda, emotiva, sensible y conciente. Una belleza que basa su riqueza en tocar temas que no suelen ser considerados como bellos habitualmente, como son la pobreza y la lucha por la justicia social, la tristeza de una mujer obrera, la dulzura de un niño pobre en la miseria... Todas estas imágenes cobran una fascinación casi mágica cuando Víctor Jara las retrata, las humanizaba y las llena de amor y ternura con sus notas dulces y sus letras certeras pero no por eso menos delicadas. Y todo, sin dejar de ser real, vívido ni caer en la caricaturización que usualmente domina las canciones sobre estos temas. Lo triste de su muerte y de lo truncado de su legado no va solamente por el hecho de las circunstancias horribles de su muerte. Va también ligado a las circunstancias horribles de nuestra muerte como sociedad, como lugar donde fluyen ideales, concepciones de mundo compartidas que incluyan la solidaridad, las ganas de generar un mundo mejor no sólo para “los nuestros”, sino para todos, los que son diferentes a nosotros. Víctor Jara para mí fue un grande por el contexto histórico en que se desarrolló, un hombre ligado fuertemente con su historia pasada presente y su construcción futura, que le significó el odio que finalmente le cobró la vida. No obstante esto, para mi Víctor Jara fue principalmente un visionario, de sus días, del país, una sensibilidad social en forma de canciones, cumpliendo aquella premisa tan certera de Atahualpa Yupanqui que dice que un artista debe “alumbrar, no deslumbrar”. Víctor Jara deslumbrada por la sabiduría que él no necesariamente poseía, pero sí la traducía desde las entrañas populares de la clase oprimida hasta un lenguaje musical que es indiscutiblemente hermoso. Víctor Jara no fue solamente un compositor, no fue solamente un cantante, un músico, no sólo fue un artista completo. Fue, por sobre todo, un recolector de historias despreciadas, discriminadas por no calzar con los estándares clásicos de belleza, un defensor de la diferencia que lo demostró en vida, en su amor a su mujer madre separada, en su cariño a los pobres desde donde él pertenecía, en su comprensión y apoyo a los artistas vanguardistas que sufrían de la incomprensión de una sociedad cerrada en moldes antiguos y en su fe. Quizás de no ocurrir de lo que finalmente sucedió con él, qué habría explorado, que nuevos discursos nos habría mostrado, que nuevos lenguajes habría desarrollado… Para mí, esta canción muestra sólo la punta de un iceberg de la infinita posibilidad de desarrollo que hubiese tenido Víctor Jara si su voz y sus manos no hubiesen sido calladas para siempre con esos 30 balazos. ► Víctor Jara – “Abre La Ventana”
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Aimee Mann no es mi cantante favorita, es más me considero más bien colgada de su discografía, pero siempre guardará un lugar demasiado especial en mi discografía por ser la primera mujer adulta que me flipó en mi primera incursión más seria al mundo musical femenino más maduro.

Claro, antes había habido Nicole, Shakira y Christina Rosenvinge, todas aún santas de mi devoción, pero que nunca pasaron más allá del tema del entusiasmo preadolescente de tener una ídola y de interpretarme en sus letras con altos niveles púberes. Aimee fue totalmente distinto.

Llegó a mi vida a través de un minidisc que me dejó una alemana que vivió en mi casa en Arica. Entre los muchos discos que traía con ella, estaba el soundtrack de Magnolia, compuesto en su mayoría por canciones de Mann escogidas por Paul Thomas Anderson, el director de la película que admitía haberse inspirado en sus canciones para escribir la cinta. No vi Magnolia años después, pero me intrigué por ese disco no sé porqué. Creo que el sentido de todo ello vendría a comprenderlo años después.

Siendo una chica que mayoritariamente escuchaba música hecha por hombres, Aimee Mann fue la primera vez en donde sentí la diferencia de la sensibilidad del estrógeno en mis oídos, y cómo esta sonaba agradable y necesaria para mí. Eran justos momentos donde por primera vez comenzaba a sentirme mujer, empezando a dejar de lado la niña y conociendo y comprendiendo nuevas etapas y sensaciones en la vida, de pareja, de decisiones trascendentales, de responsabilidades nuevas.

Por más que muchos de mis cantantes y grupos favoritos me sirvieran para esos momentos, cuando escuchaba una y otra vez el soundtrack de Magnolia sentía esa sensación de que ella efectivamente sabía lo que yo estaba sintiendo, y que ningún hombre podía comprenderlo, por mucha sensibilidad o lado femenino que tuviese. No, era algo entre nosotras, una complicidad y solidaridad única, que hasta ese momento no supe entender pero que desde aquellos días nunca más se me olvidó.

Desde ese entonces, hace 8 años, han pasado muchas mujeres, entre mis favoritas Natalie Merchant, Patti Smith, Karen Peris, y un largo etc. Sin dudas, con todas comparto aquello que mencionaba anteriormente, esa capacidad de expresión que no posible sino siendo mujer. Y todo eso comenzó con Aimee, y vuelve cada vez que escucho esta canción.

► Aimee Mann – “Driving Sideways”

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Es increíble cómo llegas a querer a una banda, especialmente si es una tan querible, que inspira los mejores sentimientos e intenciones y que se ha hecho tan parte de tu vida como un amigo. No sólo sus canciones, sino también sus presentaciones en vivo, momentos de vida social donde no sólo ibas a disfrutar de esa música que amabas sino además era la posibilidad de saludar a personas que no sueles ver muy seguido pero que siempre era un gusto verlas y saludarlas. Cuando uno comulga con la música no sólo como pensamiento sino como una filosofía de vida que se sigue a diario, las separaciones de las bandas también se transforman en un hito personal que te marca un antes y un después dentro de este camino llamado vida. Jirafa Ardiendo para muchos será una banda más que se separa. Para mí, es una etapa de la vida ligada a sus canciones que se termina con su disolución. Por eso lloré tanto cuando supe la noticia del final. Quizás la intuía, quizás la aumentó el dolor de haberme alejado por motivos de trabajo y perderme sus últimas tocatas. Y quizás fue precisamente darme cuenta de eso, de que las cosas no estaban cambiando sino que derechamente habían cambiado y que no había vuelta atrás posible fue lo que me dolió. Era necesario un rito de despedida; si yo, desde mi morada de fanática lo sentía así, no puedo ni imaginar lo que deben estar sintiendo ellos. Pero no puedo hablar por otros, sólo conozco con certeza lo que se mueve en mí y puedo dar sólo un testimonio cierto de ello, de nada más. Y mi relación con Jirafa y sus canciones fue tan personal e intensa, que cabe el espacio de hacerlo. Sentir con intensidad ciertas canciones te da esa posibilidad. Siempre he pensado que los finales no son más que nuevos comienzos. Que todo en la vida es circular, que los cambios y remezones, tal como los terremotos, son la prueba violenta pero necesaria de que estamos vivos y moviéndonos, y que lo peor no es cambiar, sino quedarse quieto. Al final de este viaje de Jirafa Ardiendo, sólo puedo agradecerle a ellos por estos años de tocatas y canciones, y confesarles que me siento profundamente orgullosa de haber sido una “jirafans”, haberme alucinado con su música alucinante y haberme esforzado, dentro de mis humildes posibilidades, por promoverlos, difundirlos y valorizarlos. Aunque eso ahora me duela un poco y haya provocado el mar de lágrimas que derramé en la despedida, quizás inentendible para mucha gente pero sí comprensible para quienes generamos un lazo más que intenso con la música. Al final casi sin darme cuenta, al correr el concierto final las lágrimas habían cedido el espacio a ese entusiasmo medio histérico que siempre tuve en las tocatas. Una alegría melancólica pero honesta igual de observar que no se separan por rencillas, que no hay sino cariño entre sus integrantes y que se despidieron con un concierto memorable, donde alcanzaron su peak como músicos y compositores. Una tristeza no verlos más, pero esa pena tiene el sabor dulce de que la banda se acabó sólo porque era el fin de un ciclo, y era necesario decir “adiós” para decir “hola” otra vez. Había sólo que darse cuenta, tomar conciencia, y siento que ellos me hicieron, de una forma que quizás no esperaba, darme cuenta que pasaba lo mismo en mi vida personal. Porque cuando uno siente con tanta pasión las canciones, el recorrido de la trayectoria de una banda se entremezcla con el recorrido de tus propios pasos como persona. Y decirle adiós a una de tus bandas favoritas de la década también es cerrar ese lapso de tiempo en tu vida, es darte cuenta que las cosas cambiaron, y a otra cosa mariposa, tendremos que aprender en serio cómo volar... Como dice esa canción que fue símbolo de años de maduración que compartí junto a sus canciones: el viento vuelve y suele cambiar mi árbol... que la mañana estalle secando el campo. Renacer. ► Jirafa Ardiendo – “Oruga”
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Aunque suene paradójico, creo que a los 17 era muchísimo más adulta que ahora. Tenía las cosas claras, me sentía encaminada hacia algo correcto en muchos aspectos de mi vida y por sobre todo era ambiciosa. Ahora no tengo las cosas claras, no me siento encaminada a nada (ni pensar en reflexionar en “lo correcto”) y me desespero al sentir que no tengo ambiciones, sino un par de sueños antiguos a largo plazo que se ven tan distantes como el horizonte en el mar.

Lo malo del asunto es que tengo la impresión que las edades están intercambiadas, y yo pensé que nunca iba a tener la crisis de los 17 (porque no la tuve, estaba muy enfocada) y ahora que tengo 25 y debo ya comenzar a tomar “las cosas en serio”, me siento como una adolescente que no sabe lo que quiere ni menos cómo hacerlo. Y es frustrante, porque se supone que uno ya lleva a cuestas una carrera universitaria, un montón de experiencias de vida que deben servir para la madurez, las ambiciones personales serias, las ganas de estabilizarse... y yo francamente no siento nada de eso.

¿Hay un problema mío o es que esto les pasa a todos? Quisiera creer lo segundo, pero también sospecho lo primero por culpa de mi “adultez prematura” en la adolescencia. Pasar de ser un ser humano que utiliza sus ventajas para fines claros a ser una que no sabe que hacer con sus ventajas y aprovecha el tiempo en cuestionar todo lo que deseó en ese pasado mal enfocado. Y no encuentra nada mejor para reemplazar, lo que es peor.

Además, siento que no fui entrenada adecuadamente para las cosas prácticas de la vida práctica que significa la adultez. Que no me manejo para cobrar dinero por mi trabajo, que no sé negociar detalles básicos de la interacción humana, que no sirvo para el capitalismo en el cual debo desempeñarme. Que aún sigo aferrada a esas utopías que no sé de donde salieron, y que eso lo único que hace es complicarme aún más la existencia.

En resumen, como siempre definiendo todo en una canción
simplemente no fui hecha para estos tiempos.
Esa es mi crisis. Ahora que lo admití, debo encontrar la forma para solucionar.
► The Beach Boys – “I Just Wasn't Made for These Times

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¿Has sentido alguna vez que realmente todo sucede por nada?

Que todo es un desfile de sin sentidos
y los esfuerzos por mejorar, por aclarar, porque las cosas salgan bien
no son más que un cúmulo de energías mal gastadas
más encima, en tópicos en donde parece irremediable perder?

A veces siento eso
con mucha, quizás demasiada intensidad
y me dan ganas de golpearme fuertemente en la cabeza
por si acaso así entonces esta reacciona
y vuelve a poner las cosas en su lugar
y vuelvo a sentirme quizás no del todo segura y completa

pero al menos
un poco menos perdida
y ojalá mejor enfocada.

► Los Fresones Rebeldes – “Es Que No Hay Manera”

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Creo que hay pocos grupos más influyentes y emocionalmente evocadores en mi vida que Radiohead. Influentes, porque sin darme yo cuenta, mucha de la música que yo escucho ahora proviene de sus trabajos, su estilo y sus temáticas. Y emocionalmente evocadores, debido a la cantidad enormes de recuerdos, anécdotas e historia que tengo con sus canciones. Y lo intensa e importantes que estas son. Tanto, que hasta da verguenza revelarlas, porque sería entrar a terrenos demasiado íntimos, alejados de la melomanía y llevados derechamente al terreno del crecimiento más profundo como ser humano. Radiohead es, aunque me aburran a veces y no sea una fan devota a pesar de ser una instruída (porque confieso tenerles pavor a sus fans devotos), una de esas bandas que me es imposible eludir por mucho tiempo. De cierta forma, siempre vuelvo a ellos, siempre caigo rendida por sus melodías envolventes o simplemente por los recuerdos que ellas guardan en mi memoría. Es como si tuviese un chip programado en mi cerebro para reaccionar cada vez que escucho alguna de esas canciones que me marcaron tanto. Y es instantáneo: estoy ahí de vuelta, tirada en el suelo de la casa de mis padres llorando y soñando por vivir feliz algun día, o descansando en el sillón de mi primer amor en esos momentos donde todo parecía eterno e indisoluble. También se viene a mi mente las caminatas eternas perdida sin saber que hacer, esas tardes desgastadas sin tener más que lágrimas para ocupar el tiempo o aquella maravillosa noche de aeropuerto en Londrés donde los sonidos hermosos de No Surprises cobraron sentido entre los detalles de esa espera en Heathrow. No me considero una fan de Radiohead declarada porque tengo muchas objeciones a eso. Entre no compartir esa condición de "vacas sagradas" que ostentan, y esa misma obsesión de sus seguidores de tomarse demasiado (DEMASIADO) en serio algo que es parte de la vida, no la vida misma, esque me he alejado muchas veces de su música y su leyenda. Lo prefiero así, sin cuestionamientos, y por eso me negué en un principio ir al concierto, debido a esa histeria generacional con la que no comulgo. Pero no puedo negar que Radiohead es una de esas bandas realmente ineludibles en mi vida. Y esa misma imposibilidad de sentirme movida cada vez que pongo una de sus canciones y me transporto a un espacio donde los recuerdos son archivados y consultados cada vez que lo necesito, fue la que me inspiró a decidir a ir a verlos en vivo. Creo que esa, y la emoción que me embarga al escuchar joyas personales como ésta canción, es la principal razón de ver a un concierto como un hito más dentro de mi trayectoria como persona. Esque mi vida, personal y melómana, sería completamente distinta sin ellos. Quizás no la cambiaron, no la transformaron, pero si la musicalizaron en sus momentos claves, quedándose para siempre imperturbables en la eternidad de la memoria. Y esos son los detalles que marcan un antes y un después. ► Radiohead - "Scatterbrain"
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Creo que una vez hablé sobre Divididos en este blog, pero lo hice apurada y creo que sin mucha inspiración. Bueno, intentaré reivindicarme esta vez, aprovechando el entusiasmo por este power trío argentino luego de su presentación en Valparaíso. Es que Divididos es de esas bandas que me provoca una fascinación extraña, una de esas que te deja con la boca abierta y con los oídos desconcertados. No logro explicarme porqué me gustan tanto cada día mas, si precisamente cada día más me alejo de esa cosa del rock&roll, la rudeza y esos conceptos que le gustan a un montón de gente que mucha pasión y garra tendrá, pero que suelen manifestar una amplitud mental digna del cerebro de una pulga. Pero creo que “la aplanadora del rock&roll” posee una mezcla única y rica en texturas que capta mi fascinación. En ese sentido, y pensando precisamente en esta calificación, recordé a otra de mis bandas favoritas, Black Rebel Motorcycle Club, en el sentido en que ellos tienen una fuerza tan brutal a veces, tan acelerada, tan aplastante... pero sin embargo, de la misma forma que logra zamarrearte con el volumen y los riff, consigue un nivel de intimidad exquisito que muchas veces supera la dulzura. Es como la delicia de la honestidad, de un relajo que suena realmente honesto y, por lo tanto, bello. Divididos lo logra, Mollo canta tan bien las formas gruesas como las delicadas, e instrumentalmente el grupo puede pasearse con honores entre los decibeles extremos y la intimidad de un unplugged. Ni hablar de la excelente fusión que hacen del rock más clásico con ese folclor argentino. Dios (si existe) debe saber lo demasiado que me gusta la mezcla de esa música primermundista que me fascina con el sabor de ese folclor latinoamericano que me roba el corazón. Y creo que estos argentinos lo hacen estupendamente, por lo que están en los altares de mis bandas “hibridas” favoritas, junto con Café Tacuba y Los Tres. Pero lo que más me fascina sobre Divididos, es su capacidad de juntar potencia con belleza. Cuando mueves la cabeza y los pies de puras ganas que te dan de saltar, y de repente una de sus piezas musicales te transporta a algo superior, algo que se eleva por sobre la letra, los acordes, por sobre todo... creo que esta canción es un gran ejemplo de eso. Como explicando empíricamente que la estrechez mental es realmente una estupidez, y la belleza puede abarcarlo todo, y todos al final vamos hacia ella. Y eso es lo que me gusta al fin y al cabo. ► Divididos – “La Ñapi de Mamá”
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Soy de una raza extraña que cree que el mundo puede ser mejor, y creo que en cada acto que hago, por insignificante que sea, contribuyo a eso. Porque mis decisiones siempre son no sólo para mi bienestar, sino pensando en mis queridos, en los que no quiero tanto y en el mundo en general. Debo esto a la crianza inspiradora y social de mis padres, mis principales referentes que siempre me motivaron a creer en un mundo mejor tal como ellos lo hicieron, y tal como ellos trabajan diariamente para conseguirlo.

Supongo que esta gente extraña como yo tiene momentos inspiradores como hoy. No sé si realmente Obama será el cambio que él promete, no sé si realmente Estados Unidos dejará de ser ese monstruo que ha sido sólo por él, a veces me asusta pensar en que todos los de su especie lo pasan mal, sufren o hasta pierden la vida por tener el valor y las agallas de inspirar a la gente a pensar en reformar. Es el precio, uno que se asume con valentía, pero que se asume con la conciencia de que siempre hay algo mejor.

Pero creo que verlo asumir el poder, lo que representa ver a un hombre afroamericano en ese poder hasta ahora reservados para la hegemonía blanca, ver como el sueño de Luther King se hace realidad... uf! Realmente dan ganas de seguir creyendo, de que de alguna forma es posible todo eso que mis abuelos soñaron, que mis padres soñaron, que yo sueño día a día y que juntos en nuestro anonimato los de mi raza extraña nos atrevemos a construir...

Porque como dicen mis amados R.E.M.

somos jóvenes a pesar de los años
somos conciencia
somos esperanza a pesar de los tiempos...

y esas palabras siempre son suficiente para volver a creer
especialmente en días como hoy
=)
► R.E.M. – “These Days” (en vivo Santiago 03.11.2008)

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